Fuente: Maribel Hastings y David Torres
08/03/2022

Algunas medidas migratorias enfrentan una carrera contrarreloj, mientras el Congreso se prepara para un receso de cinco semanas en el mes de agosto, previo a una elección intermedia donde los demócratas se juegan el control de ambas cámaras legislativas.

¿Existe alguna posibilidad real de que "algo" avance en el frente migratorio antes del cierre del presente Congreso? Los proyectos de ley están ahí; solo falta saber si hay la suficiente voluntad política para llevarlos a buen puerto.

En año electoral el receso de verano cobra especial atención por una poderosa razón: es muy raro que al retorno en septiembre el Congreso apruebe medidas, sobre todo controversiales, pues toda la Cámara Baja (435 escaños) y una tercera parte del Senado (34 de los 100 escaños) están enfrascados en hacer campaña política. Y tras las elecciones, si hay cambio de mando, el partido que gana no tiene apetito de colaborar con el partido que pierde.

En ello radica la urgencia de mirar hacia ese segmento humano que ha tenido que desplazarse de un lugar a otro en busca de refugio; de esos otros que se han instalado ya, pero cuya aceptación es aún muy endeble; y aquellos más que, a sabiendas de lo esenciales que son para sostener la dinámica socioeconómica del campo estadounidense, suelen ser invisibilizados por la retórica antiinmigrante, que además ha entrado en una campaña grosera y deshonesta basada en la racista teoría conspirativa de la "invasión".

Los republicanos están muy confiados en que le arrebatarán a los demócratas una o ambas cámaras legislativas, y no existe el incentivo de colaborar para aprobar medidas, sobre todo si no son de su interés, como la inmigración.

Es decir, lo que no se apruebe en estos días antes del receso o al retorno en la llamada sesión de Congreso saliente (lame duck) es poco probable que vea la luz del día en este Congreso que culmina oficialmente el 3 de enero de 2023; y en el próximo Congreso hay que partir de cero y con nuevo liderazgo, en caso de que haya cambio de mando. Ese escenario sería aún menos propicio para los migrantes, dado que la parte conservadora que todavía respalda al Trumpismo ha hecho y hará todo lo posible por que ninguna iniciativa demócrata sea aprobada.

Aunque la administración demócrata de Joe Biden eliminó el Título 42, los tribunales federales han impedido que lo haga, por lo cual todos estos migrantes permanecen en un limbo, muchos varados en México y algunos más en otros países. Su situación no ha sido nada fácil, pues mientras han esperado tanto tiempo sin respuesta han sido víctimas de la violencia y la corrupción que impera en la franja fronteriza.

Por otra parte, los planes para legalizar a los Dreamers y a algunos trabajadores agrícolas siguen considerándose aunque sus posibilidades reales de aprobación en esta sesión del Congreso son escasas.

La Ley de Modernización de la Fuerza Trabajadora Agrícola se impulsa como medida independiente, y aunque fue aprobada dos veces en la Cámara Baja, todavía no queda claro si en el Senado cuenta con los votos para su avance. 

En el caso de los Dreamers, ya sabemos de memoria las múltiples veces en que los esfuerzos por legalizarlos se han hecho sal y agua porque los republicanos, por un lado alaban las contribuciones de estos jóvenes, pero por el otro los usan como piezas de cambio para avanzar sus medidas migratorias más restrictivas.  

Las vidas de los Dreamers y las de millones de indocumentados son para estos republicanos fichas de su retorcido juego de ajedrez político.

La sólida oposición republicana a soluciones sensatas a nuestros dilemas migratorios ha sido asistida por este grupo de demócratas que han minado las posibilidades de avance. En los próximos días y meses veremos hasta qué grado.


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