Fuente: Coreen Villalobos Mundo
10/26/2021

Raleigh, N.C., 25 de octubre de 2021.- De caminar pausado, rostro gentil y mirada esquiva es René García Basilio, un hombre hispano que conoció el rostro del horror en Estados Unidos y se armó de valentía para narrar "la pesadilla que no quiero que nadie más viva".

La ciudad de Tenexco pantepec, perteneciente al estado de Puebla, contempló su nacimiento hace 41 años y lo despidió en 1999, cuando René partió hacia Estados Unidos, en busca de un mejor futuro.

Es el segundo de tres hijos.
Cruzó la frontera y comenzó a trabajar en el campo. Por primera vez, agarraba pico y pala, y aprendió este sacrificado oficio, con la mente puesta en el bienestar de su madre.

Su padre había sido asesinado mucho antes de que partiera a tierra americana. Trabajaba para el comisariado del pueblo, cuyas autoridades superiores repartieron unas tierras y quienes se oponían a esa distribución, le cegaron la vida.

Desde entonces, su madre es el gran motor de todo lo que hace, la gran motivación. Pero también es la persona a la que René no ha querido contar esta verdad que le ha perseguido como una sombra y que hoy revela. No quiere sentirla sufrir desde lejos.

Hace 5 años, fue violado por un hombre que simuló ser cercano a su tío.

Aquel suceso enlutó el alma de René García, quien lucha a diario para recobrar la paz y contemplar la luz del mundo.

El hombre le pidió un aventón.

En medio del recorrido, el frío de una pistola se posó en su cabeza y bajo esta amenaza, se le venía fugaz a la mente el rostro de su madre, sintió que no volvería a verla y que no terminaría lo que tenía pendiente por hacer. Sintió que moriría.

Fue despojado de sus pertenencias, de su tranquilidad y de sus sueños de una vida libre: Fue brutalmente golpeado, toqueteado y abusado.

El vehículo en torno al cual ocurrió este nefasto hecho, se encontraba cerca de un asilo, al cual acudían policías con frecuencia.

René dejó caer las llaves del carro, pisó el control e hizo que se disparara la alarma, lo que provocó que el victimario escapara de la escena, dejándolo en la calle, casi sin aliento.

Oficiales de policía lo encontraron y René, temblando, pudo contarles. También pudo decirle a su tío, quien lo acompañó a la estación de policías para formular la denuncia.

"Yo estaba aturdido y lo que más me dolió fue recibir una inyección y desnudarme frente a otros oficiales. Tenian que tomar muestras de ADN. Era un procedimiento rutinario para ellos, pero fue una experiencia muy dolorosa para mí", relató René García a La Conexión USA.

La pesadilla apenas comenzaba.

"No quería seguir viviendo"

Esta agresión dejó secuelas imborrables en René García.

Tenía miedo, se sentía solo y aislado.

No habló sobre esto con nadie, ni tampoco quería tener contacto con nadie.

Temía que lo deportaran.

El agresor estaba libre y lo podía matar, pensaba.

"Tuve mucho miedo. A veces es como que te da sueño y, de repente, sientes que está ahí esa persona. Mi doctor personal fue quien me ayudó. Le dije: 'Necesito ayuda, no puedo dormir, tengo mucho estrés'. En determinado momento, le dije: 'Ya no quiero vivir, no quiero saber nada, quiero olvidar todo esto'", contó René... y lloró.

Ese doctor se convirtió en su gran aliado, mientras las investigaciones continuaban. Refirió a René, con carácter de urgencia, a un centro de atención psicológica, donde recibió las terapias que le ayudaron a continuar y valorar su vida.

"Hoy día, estoy aquí hablando con ustedes porque he sanado, aunque la tristeza y el dolor están ahí. Mi familia no sabe nada, mi mamá no sabe nada y lo hago porque quiero que estén bien todos, que tengan mucho cuidado. Esta situación tan dolorosa no se la deseo a nadie", dijo y continuó llorando.

Él quiere que su testimonio ayude a otros a mantenerse a salvo.

La verdad lo hizo libre

René García vivió en una verdadera cárcel emocional por mucho tiempo. Su agresor estaba en las calles.

Confesó que se sintió libre cuando funcionarios policiales le informaron que, además de su caso, el agresor tenía 5 cargos más, por acoso a mujeres y asaltos.

"Me sentí libre y tranquilo porque el policía, en un principio, no creía en mí... no sé si porque soy hispano, o porque la palabra de un americano valía más. Pero, tarde o temprano, la verdad sale".

Y, al calor de las investigaciones, surge otro hallazgo: las pruebas de ADN confirmaron la denuncia de René García.

"Cuando se reconoció que yo siempre hablé con la verdad, me sentí libre, tranquilo y en paz", dijo.

Desde hace 5 meses, su agresor está preso.


"Nunca callen"

René García ha convertido su dolor en esfuerzo comunitario.

"Yo quiero que mi comunidad latina esté cada vez mejor y que esté preparada para defenderse. No callen. Nunca permitan que alguien los trate mal. Si se cierran unas puertas, se abrirán otras. El sistema funciona para proteger a las víctimas de crímenes. Muchas veces, sientes que te va a hacer menos, pero sí funciona. Confíen porque hay organizaciones que ayudan", aconsejó.

Con el mismo énfasis, pidió a las personas estar atentas a las señales y no ser indiferentes ante el dolor o la emergencia de familiares y conocidos.

"No juzguemos ni dejemos solas a las víctimas. No imaginan cuánto dolor han sentido. Pongan atención a sus hijos: con quién hablan, con quién juegan, quién los lleva a casa", dijo.

Hoy día, René García duerme un poco más tranquilo. 

Se ha ganado el respeto y cariño de la comunidad del condado de Franklin.

Habla otomí y ayuda a su gente a alzar la voz. Organiza eventos de recaudación de fondos para apoyar a familias necesitadas, muchas de los cuales ha realizado junto a María Isabel Renteral, encargada de la Defensa Legal de la organización sin fines de lucro Safe Space, y su gran aliada en toda la dura experiencia que te tocó vivir.


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