Fuente: Maribel Hastings y David Torres
09/30/2020

Mientras Donald Trump busca su reelección en la lucha ante el demócrata Joe Biden, la pregunta, al igual que en el ciclo 2016, es por qué un porcentaje de latinos sigue apoyando a un presidente que ha ofendido a la comunidad latina con retórica y política pública; que le guiña el ojo a supremacistas blancos; que es antiinmigrante y que no es precisamente modelo de la moral y los valores que tanto dicen defender esos latinos, particularmente los religiosos.

Ya en 2016 sorprendió a propios y extraños que el 29% del voto latino se hubiese decantado por Trump, pues revelaba que indudablemente había un hilo conductor, entre ideológico y político, que hacía pasar por alto toda esa andanada de ataques hacia una comunidad en específico y cuyo eco se percibe aún hoy.

La respuesta más simple es que la comunidad latina de Estados Unidos es tan diversa ideológicamente hablando, como las nacionalidades que la componen. Van desde ultraconservadores hasta ultraliberales, pasando por los moderados. También sus experiencias de vida determinan con cuál partido o candidato se ven más identificados, sobre todo si piensan que ese político está respondiendo a sus necesidades e intereses, aunque muchas veces no sea el caso.

Más aún, también la fidelidad al partido político juega un papel preponderante y los mueve el ganar sin importar quién sea el abanderado.

Cuando el 16 de junio de 2015 Trump descendió por la escalera dorada de su Trump Tower en la Quinta Avenida de Nueva York para lanzar su precandidatura a la nominación presidencial republicana, su chivo expiatorio fueron los inmigrantes mexicanos.

México, dijo Trump, no envía lo mejor. "Traen drogas, criminalidad. Son violadores, y algunos, asumo, son buenas personas". Fue su grito de guerra para atraer, con éxito, a un sector de votantes con prejuicios, sobre todo contra los inmigrantes. Y entre ese sector había y sigue habiendo latinos.

De hecho, durante los pasados cuatro años tampoco ha sorprendido ver no solo manifestaciones públicas de apoyo hacia el actual mandatario, sino actos específicos que demuestran la utilidad de este voto para los propósitos presidenciales por parte de latinos que aseguran que los propios hispanos "están destruyendo a Estados Unidos".

Aunque entre otros sectores de la comunidad latina un insulto contra uno de los nuestros es un insulto contra todos, hay otro sector que no se da por aludido y que está convencido de que ese prejuicio de Trump y de sus seguidores "no tiene nada que ver con ellos".

Hay grupos que condenan regímenes dictatoriales en sus países de origen, pero apoyan a un presidente con afinidad hacia otros dictadores, que incluso ha indicado que la Constitución debería enmendarse para permanecer en el poder más allá de los dos períodos presidenciales permitidos. Un presidente que ataca a la prensa y que quiere utilizar el aparato judicial de la nación para perseguir a sus opositores. Eso huele a dictador, pero los antidictadores no se dan por aludidos porque el susodicho es de su partido.

"Lamentablemente en lugares como en Miami, hay personas antidemocráticas, porque si por ellos fuera, reinaría un solo partido y la ideología de ellos. La diversidad de puntos de vista les importa un bledo", indica Parra. "También tenemos una corriente machista muy fuerte dentro de nuestra cultura y Trump proyecta ser el 'macho alfa', y eso llama mucho la atención a muchas personas".


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