Fuente: Maribel Hastings
09/03/2020

Al entrar en el último trimestre de 2020 es imposible no concluir que ha sido un año terrible a nivel personal, colectivo y mundial, y todavía no podemos predecir qué ocurrirá en la elección presidencial del 3 de noviembre y cómo cerrará este fatídico año que tanto dolor y angustia ha generado.

Recuerdo que enero de este año fue tan traumático para los puertorriqueños, entre otras cosas, por producirse terremotos de los cuales todavía el sudoeste de la Isla no se recupera; que el pueblo decidió partir de cero y decirle adiós a enero como como si el año comenzara en febrero con fuegos artificiales y toda la cosa.

Lo que no sabíamos era que a la vuelta de la esquina, en marzo, comenzaría el desmadre del Covid-19 donde todavía nos encontramos. La pandemia sigue azotando al mundo entero, aunque Estados Unidos ocupa el primer lugar en casos, 6 millones, y en muertes, 183,000 y sumando.

En medio de la pandemia han sido cientos de miles de personas las que han perdido seres queridos por el virus, pero también por otros padecimientos en muchos casos mal atendidos por las cuarentenas y las crisis en los hospitales.

A nivel personal, en este maldito año perdí a mi padre víctima de cáncer, de manera que 2020 quedará grabado en mi mente y en mi corazón por siempre, por más que quisiera borrarlo cuando pase.

Pero el Covid no solo está cobrando vidas literalmente. Ha dejado a millones de personas sin trabajo que batallan por el sostenimiento de sus familias en medio de un panorama que, lejos de mejorar, empeora. Las noticias diarias sobre la lucha por beneficios de desempleo o la espera por ayudas extra que no llegan se suman a las noticias de todos los negocios que poco a poco han dejado de existir, lastimando la economía a todos los niveles.

La crisis económica exacerba a su vez la salud mental en los hogares, vecindarios, ciudades, en el país entero.

Y si a eso le sumamos viejos flagelos que durante décadas nos han aquejado, como el racismo sistemático e institucionalizado, o la violencia policial, no es de extrañar que se intensifiquen las manifestaciones a través del país.

Pero uno de los problemas centrales para encarar todas estas crisis es la falta de liderazgo desde la Casa Blanca, partiendo de la irresponsable respuesta del gobierno federal a la pandemia, que resultó en que la cifra de muertos sea tan elevada.


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