Fuente: Emanuel Bel Greco
07/22/2020

"Y cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas", dijo Mario Benedetti.

La pandemia ha interrumpido en la fiesta de la socialización, en la alegría de los abrazos y el contacto físico, la transmisión de energía limpia... esa que expresa el ánimo de nuestro cuerpo, el cortejo para conseguir pareja, la euforia de los conciertos y los partidos en los estadios. 

La pandemia se asoma a la fiesta sin haber sido invitada y ahora estamos aislados. La humanidad ha experimentado diversas pandemias, pero lejos de poner comparativos alentadores en relación a otras pandemias ya derrotadas, es preciso entender esta pandemia y sus consecuencias conductuales. 

Con una mirada a las tendencias y el pleno conocimiento de que al COVID-19 no le importa si usamos cubrebocas, guantes, guardamos distancia, o nos encuartelamos en nuestras casas, el ahí estará presente hasta que nuestro cuerpo aprenda a combatirlo, con o sin vacuna. Mientras ello suceda, por lo menos la cuarta parte de la humanidad inevitablemente será contagiada. Algunos gobiernos abrirán actividades a discreción con el trágico resultado de un rebrote, pero esta nueva vida no solo cambiara nuestros hábitos de trabajo, educación o recreo. Cambiará también nuestra forma de comportamiento. Tenemos que reconocer la rápida adaptación del ser humano a mantener parámetros asociales, porque ya nos nos resulta extraño el no saludar de mano, de abrazo y mucho menos del beso gustoso por el encuentro. Ya no es un mal gesto dar un paso hacia atrás cuando un desconocido rompe la distancia social, ya no es de mala educación las no respuestas, ahora la persona que estornuda no recibirá más un deseo de 'Salud', y por el contrario recibirá expresiones de repulsión.  

Pero entonces... qué pasará con nuestras conductas sociales? 

Tendremos que adoptar otros parámetros de expresión y aprender a leer las conductas con otras fuentes de información. ¿Cómo saber quién te sonríe? 

Tal vez de ahora en adelante los ojos se tornen mas expresivos de lo que eran antes, las pupilas tendrán más dilatación al momento de reconocer algún rostro conocido o agradable, reflejara otra tonalidad y tal vez alcancemos a percibir el brillo que expresan los ojos en sus diferentes intensidades. 

Nuestro oído tendrá que tener más agudeza para entender con claridad las vibraciones de la voz, a través de la tela cubrebocas, pero además inevitablemente tendremos que aprender a leer lenguajes corporales y estos tendrán que aumentar su claridad expresiva. 

A la distancia, corta pero finalmente será distancia, ya sin gesticulación, con voz alzada y con la ayuda del cuerpo, comenzaremos a expresarnos diferente.

Así será de ahora en adelante la comunicación.


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