Fuente: Alexa Mieses, MD Duke University Hospital. Medicina Familiar. Duke Department of Community and Family Medicine twitter: @Duke_CFM, @DrAlexaMieses
12/18/2018

Los embarazos involuntarios ocurren con frecuencia entre las adolescentes. En 2015, casi 230,000 bebés nacieron de madres adolescentes. La tasa de embarazos adolescentes ha disminuido a lo largo de los años, pero afecta desproporcionadamente a las jóvenes latinas.

Según el CDC, las adolescentes con las tasas más altas de embarazo son latinas (seguidas por negros no hispanos). Las condiciones socioeconómicas menos favorables, como la baja educación y los bajos niveles de ingresos de la familia de un adolescente, pueden contribuir a las altas tasas de natalidad entre adolescentes. Los adolescentes que crecieron dentro del sistema de bienestar infantil tienen un mayor riesgo de embarazo adolescente y nacimiento que otros grupos. Por ejemplo, las mujeres jóvenes que viven bajo el cuidado tutelar de otras familias que no son las propias tienen más del doble de probabilidades de quedar embarazadas que las que no se encuentran en esta situación.

No solo las adolescentes desfavorecidas son más propensas a quedar embarazadas, es más probable que el embarazo adolescente cree desventajas. Por ejemplo, el embarazo adolescente contribuye a abandonar la escuela. Solo el 50% de las madres adolescentes reciben un diploma de la preparatoria a los 22 años. Esto puede limitar enormemente las opciones de vida. Incluso los hijos de madres adolescentes tienen más probabilidades de tener un rendimiento escolar más bajo; es más probable que abandonen la escuela secundaria, tengan problemas de salud, sean encarcelados, estén desempleados y se conviertan en padres adolescentes.

Muchas personas comienzan a tener relaciones sexuales cuando son adolescentes. La familia o la fe pueden pedirles a los adolescentes que esperen, pero la realidad es que muchos adolescentes tendrán sexo de todos modos. Esto se evidencia por las tasas de embarazo adolescente mencionadas anteriormente. Por lo tanto, es importante reconocer que educar a sus hijos (as) sobre sexo seguro no los hará tener relaciones sexuales. El sexo seguro incluye hablar con sus hijos sobre el uso de condones, el consentimiento (o no consentir) a la actividad sexual y otras prácticas de sexo seguro. Esto también incluye hablar sobre la identidad de género (por ejemplo, hombre, mujer) y orientación sexual (por ejemplo, homosexual, heterosexual) con su hijo. Los adolescentes empoderados con la información apropiada pueden tomar decisiones de salud más acertadas. Los adolescentes deben tratar de seguir las prácticas de sexo seguro cuando deciden participar en actividades sexuales.

Para obtener más información, hable con su médico de cabecera sobre la protección de usted o sus hijos.


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