Fuente: EFE
11/07/2018

París, 7 nov (EFE).- Hace un siglo Francia salía destrozada de cuatro años de guerra, embarrada en las trincheras de un conflicto que costó millón y medio de vidas y del que no quedan testigos pero sí muchos testimonios que ponen al país ante el espejo de su pasado.

En medio de la conmemoración del centenario del armisticio que puso fin a la Gran Guerra, el presidente, Emmanuel Macron, que se ha obstinado en dejar su impronta en esas celebraciones, abrió el fuego al considerar que el mundo actual tiene rasgos del que salió del conflicto que entre 1914 y 1918 provocó casi 20 millones de víctimas.

A su juicio, el ascenso del nacionalismo y el enconamiento de las diferencias que se vive en los últimos años llevan el estigma de la Europa de entreguerras que salió de la Primera Guerra Mundial, germen de la Segunda (1939-1945).

"El nacionalismo asciende, pide el cierre de fronteras, preconiza el rechazo del otro", repite Macron, que recorre algunos escenarios de la guerra advirtiendo de que la historia puede repetirse.

La oposición le acusa de querer apropiarse de un drama nacional para hacer campaña y de situar la Primera Guerra Mundial en el campo de batalla que pretende diseñar para las próximas elecciones europeas: nacionalistas contra europeístas.

La comunidad de historiadores, alérgica a la comparación, parece decidida a no entrar en ese juego.

El mundo no vive una situación de preguerra mundial y el ascenso del nacionalismo, incuestionable, responde más a los ciclos históricos que a una situación excepcional, como sucedía en los albores del siglo XX, a juicio de varios expertos consultados por Efe.

"En 1914 los ciudadanos sentían una amenaza exterior real, tanto en un bloque como en el otro", asegura la profesora de la universidad de La Sorbona Isabelle Davion, experta en diplomacia y estrategia durante la Gran Guerra.

El mundo se había configurado en dos bloques a base de alianzas constituidas como método de defensa frente a un enemigo exógeno.

"Todo eso no lo vemos ahora. El nacionalismo se articula como una forma de protección de una situación socioeconómica, no como la defensa de una frontera", agrega la historiadora, que señala que, con los años, se ha perdido "el darwinismo, el sentimiento de superioridad" del siglo XIX.

Para Christophe Prochasson, historiador de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, "cada época tiene su propio nacionalismo", sin que sea pertinente comparar unos con otros.

"El que vemos ahora florecer es una respuesta a la globalización que muchas capas de la población sienten que les excluye", afirma el intelectual.

Mientras Macron pasea por cementerios, memoriales y restos de trincheras, vestigios de cicatrices que recuerdan el drama, los historiadores creen que la situación es "menos eléctrica" que la que se vivía en vísperas del conflicto.

"El sentimiento nacional de la población actual es inferior al de 1914", analiza Prochasson, que cree que las diferencias entre los pueblos son "más pequeñas precisamente por el efecto de la globalización, que ha homogeneizado a las sociedades".

Davion cree, además, que hoy día la guerra es "una opción que la gente no se plantea", mientras que en 1914 era "una fenómeno normal que se producía de forma periódica en las relaciones internacionales".

"Se creía incluso que eran necesarias", asegura la historiadora de La Sorbona, que piensa que tras las consecuencias de aquel conflicto "que todo el mundo pensaba que, por su violencia iba a ser el último, se hizo todo lo posible para poner la guerra fuera de la ley".

Luis Miguel Pascual


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