Fuente: Annia Osandón
09/12/2018

Desde que el hombre comenzó a mirar hacia el cielo también comenzó a descubrir que existía algo más, que la inteligencia no podía ser al azar. También se dio cuenta de que la condición de ser espiritual era inherente a él mismo, porque espíritu quiere decir "primer aliento", lo que nos lleva a la conclusión referida que desde el momento en que llegamos a vivir esta experiencia, somos espirituales. Desde esa facultad reconocida, se desprende la reflexión del mundo y poco a poco nos vamos acercando a la máxima que todo lo que nos rodea tiene que ver con nosotros mismos. Lo que llamamos realidad es lo que proyectamos y cada uno de nosotros vive las experiencias de una manera particular y de acuerdo a su propio sistema de creencias. Ante un estímulo podemos sentir mucha resonancia o total rechazo ... cuando nos "emparejamos", deberíamos preguntarnos: ¿qué veo en el otro? ... después lo que hacemos es interpretar, y la manera que tenemos de hacerlo puede incluso afectarnos físicamente porque una cosa está clara: para mi inconsciente sólo existo yo, el otro no.

¿Para qué me encuentro (uno) con alguien?
No hay relaciones ni buenas ni malas. Todas son una gran oportunidad para reconocernos a nosotros mismos en el otro; todas las relaciones tienen un propósito y son perfectas. En verdad cada encuentro debería de ser santo porque cada uno constituye una oportunidad para conocernos a nosotros mismos. Los problemas que surgen son formas, pensamientos donde algunos verán conflictos y otros oportunidades. 

Nos encontramos por resonancia y nos separamos porque la misma se acabó. Aprendemos que sí existe diferencia entre querer y amar, el primer vocablo nos conduce a necesidad y el segundo a fluir total con la experiencia. Es bueno darnos cuenta que nuestra misión creadora se relaciona con una enseñanza de vida: Aprender a Amar. La pareja humana es el inicio de la manifestación de la vida física. Somos el rayo que se divide en dos y desde el mismo, nacen todas las clases de amor y sus derivados.

Todo se refleja, los árboles que son los padres, se complementan y salen los frutos-hijos. Si no nos gusta lo que tenemos, revisemos la pantalla de nuestra vida. El proyecto es mío y soy yo mismo (a) quien lo proyecta. Tenemos tanto miedo al interior de nuestras relaciones de pareja que nos justificamos y nos pasamos la vida con alguien en "lo mismo", ejemplo: " a veces no tengo ganas de tener relaciones pero para que él esté contento lo hago", "desde que me casé supe que estaba equivocada", "ya llevamos tanto tiempo que más vale diablo conocido que por conocer". Si cambiamos nuestra percepción, cambiamos nuestro mundo, pero no puede haber apego porque las justificaciones anteriores son las que nos enferman: " el cuerpo habla lo que la boca calla". 

En el universo sólo hay abundancia y siempre nos conformamos con menos porque no nos creemos merecedores de "algo mejor", ¿por qué repetimos la misma historia una y otra vez?.
Soluciones:

-Nunca hables del otro.
-Siempre habla de ti en relación al otro. (¿quién soy yo con relación al otro?)
-Cambiar la verbalización
-El otro es mi espejo (¿qué es lo que no me gusta de mi?)
-En el otro me libero o me condeno 
-Nos atraemos por resonancia
-Los juicios nos aprisionan
-Sin juicios vemos la verdad (practicar esto) 
-Nada está bien, ni nada está mal 
-Siempre las razones de dos, son dos extremos de una misma verdad 
-¿Para qué estoy viviendo yo esta experiencia?, puede ser la solución
-Una vez lo veas, lo sientas, ¡HAZLO! 
-¡La única razón que debemos sanar es con nosotros mismos! 


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