" /> "El pacto de Adriana", un documental sobre las heridas de la dictadura chilena

Fuente: EFE
09/11/2018

Madrid, 11 sep (EFE).- La directora Lissette Orozco descubrió un día un tremendo secreto familiar. Su tía favorita fue agente de la DINA durante la dictadura chilena, lo que la llevó a un largo proceso emocional y de investigación para intentar descubrir la verdad, y que plasmó en "El pacto de Adriana".

Orozco se embarcó en cinco años de rodaje, durante los que no solo dio voz a su tía -"quizás hasta demasiado", reflexiona en conversación con Efe-, sino también a víctimas, abogados y otros involucrados, pues lo más importante era ser "honesta" consigo misma.

Un documental que ganó el año pasado el Premio de la Paz en el marco de la Berlinale y que hoy presenta en la Casa de América de Madrid.

Adriana Rivas fue detenida por secuestro y asesinato durante un viaje a Chile en 2011. En su juventud había sido agente de la DINA, la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), pero ella, que tras el arresto volvió a escapar a Australia, niega su participación en ningún tipo de tortura o asesinato.

Aquel hecho hizo que Orozco intentará descubrir la verdad hasta sus últimas consecuencias, aunque no esconde que su "primera voluntad" fue querer ayudar a su tía, pues entonces "pensaba, absolutamente, que era inocente".

Pero Orozco necesitaba ser honesta con ella misma, "no ser cómplice con este silencio que a larga es tan perverso", aunque eso la llevara a romper lazos con Rivas y parte de la familia.

Explicó que sentía que "el mensaje que había detrás de la película era mucho más importante, porque era un mensaje de transformación social y uno hace cine para eso".

Así, "El pacto de Adriana" se convirtió en documental, aunque ese no era su destino. Lo que el espectador ve es, en realidad, el material que recopiló para hacer la película; por eso, algunas son grabaciones "precarias, caseras", tomadas con pequeñas cámaras o de conversaciones por Skype con su tía desde Australia.

Finalmente, consideró que usar todo ese material era la forma "más honesta de contar esta historia" y además reflejaba el paso del tiempo -comenzó a grabar en 2011-: "Yo sentía que el paso del tiempo era una de las cosas más maravillosas que tenía este proyecto".

Fueron cinco años donde estuvo "en una lavadora de emociones", entre las "cosas brutales" que le contaron que hizo Rivas y su cariño por ella, con la que mantuvo relación hasta el final del rodaje.

Aunque "entré en este proyecto con mucha ignorancia y mucha ingenuidad", haciendo la película "empaticé con el otro lado, me informé al máximo. Creo que el máximo poder que tuve fue el del conocimiento".

Orozco considera que la herida que dejó la dictadura de Pinochet sigue viva porque el país no ha podido "vivir la transición a la democracia. No se ha hecho un trabajo de memoria, no se ha dicho la verdad, no se han reconocido los errores, no existió justicia ni reparación a las víctimas".

"Nosotros aún no hemos vivido la transición a la democracia -según la directora-, lo que vivimos fue una transacción a la democracia".

Por Carmen Rodríguez


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