Fuente: Nancy Escobar @NanEscobar72 calexicon@gmail.com
02/28/2018

La noche del 26 de febrero, Donald Trump debe haber dormido poco y mal, no sólo porque la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos frenó la fecha fatal del 5 de diciembre que dejaba desamparados a unos 700 mil dreamers, sino porque además se revelaba su pelea con el presidente Enrique Peña Nieto, por aferrarse a que México debe pagar el muro fronterizo.

Los beneficiarios de DACA fueron favorecidos en los juzgados, luego de que dos magistrados, de California y de Nueva York, interpusieran una denuncia para evitar que a partir del cinco de marzo se interrumpiera cualquier beneficio para los jóvenes que llegaron a Estados Unidos en la infancia.

En la práctica, el que se mantenga el programa de forma parcial, da más tiempo al Congreso para acordar una ley migratoria que concilie una solución permanente para los dreamers.
Pero en realidad es un golpe al hígado para la administración de Donald Trump, ya que el programa se mantendrá de forma indefinida; los que ya tienen el beneficio lo mantendrán y los que deben renovarla, podrán hacerlo.

Pero como el presidente de EU debe siempre encontrar a un culpable dijo en sus redes que no hay ente más malvado que el  Tribunal de Apelaciones del Noveno Distrito, el cual está encargado de resolver los litigios.

Ese tribunal fue el mismo que se ha opuesto a algunas de sus políticas, como el veto migratorio.

El mandatario consideró: "Nosotros perdemos, perdemos, perdemos y luego peleamos en el Tribunal Supremo... Veremos qué ocurre, esa es mi actitud".

Sólo que ahí no queda todo, pues además de que la mayoría de esos dreamers son mexicanos, otros dos asuntos le ocupan en la relación bilateral: el muro y la negativa del gobierno de México a pagarlo y las negociaciones del TLCAN.

Una llamada que hubo entre el presidente mexicano y el de Estados Unidos, el pasado 20 de febrero, terminó con gritos y sombrerazos. No sólo porque Trump se alteró y gritó, sino porque como se pretendía que hubiera una visita de Estado de Peña en Washington, esa idea queda cancelada.

Es que al señor republicano se le ocurrió que podía venir a hablar de los temas que quisiera, mientras que el mandatario mexicano le pedía que el tema del pago del muro lo trataran en privado. Al final el güero colgó la llamada y del encuentro ni hablamos.

A este paso los tres años restantes se adivinan difíciles.


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