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Raspados con sabor a El Salvador

September 19, 2012

Rosa Elena Ochoa atiende a uno de los clientes que visita su negocio en Durham

Rosa Elena Ochoa atiende a uno de los clientes que visita su negocio en Durham /W.G

Los Raspados de Elenita ofrece más de 32 diferentes sabores

Los Raspados de Elenita ofrece más de 32 diferentes sabores /W.G.

DURHAM- Como en un abrir y cerrar de ojos, un accidente laboral cambió por completo la vida de una salvadoreña que tuvo que mudarse del estado de Maryland a Carolina del Norte.

Por Walter Gómez

Un trabajo pesado de ensamblaje en una fábrica de muebles, un compañero que se le zafa una pieza y en un segundo golpea seco y fuerte la frente de la mujer. El diagnóstico del doctor que resuena en su cabeza explicando que ya no puede continuar realizando este trabajo. “El médico me dijo que la lesión había sido grande. Me tuve que retirar y desgraciadamente no tuve indemnización por el accidente. No podía quedarme de brazos cruzados, debía seguir por mis tres hijos que están en mi país”, recordó a La Conexión, Rosa Elena Ochoa.

Sin perder tiempo juntó fuerzas, pensó detenidamente qué hacer y hace dos años desembarcó en nuestro estado para generar y crear su propio negocio con la marca y sello de su querida tierra. “Yo recordaba que en mi país un señor vendía ‘raspaditos’ y todos los días iba a comprarle uno y también un vaso de jalea. Él me enseñó a prepararla porque veía que comía mucho”, indicó Ochoa.

Con ese recuerdo en su mente, Rosa llegó a la casa de su hija en Durham y con una mesa inició una aventura para ganarse el pan diario. “No me iba a quedar sin trabajar. Así que puse una mesa enfrente del supermercado Compare Foods de Durham y comencé a ofrecer raspados”, sostuvo Ochoa.

DE LA MESA A SABORES ILIMITADOS

Pero, no todo fue color de rosa y los problemas arribaron. “Me cayó la policía. No tenía permiso de la ciudad, pensé que se me terminaba el mundo. Pero un agente de policía que hablaba español- Mónica- me vio tan preocupada que me explicó la manera correcta de hacer las cosas”. “Me dijo: -Anda al City Hall y tramita un permiso para vender . Así nosotros no te vamos a quitar de aquí-”, anotó Ochoa.

Con la ayuda de un amigo, lo tramitó. Con éste en mano, decidió ir más allá. “Se me volaban las cosas o por el viento debía taparlas. Así que decidí comprar una casa rodante”, recordó. De allí en adelante el negocio cambió por completo y hoy no solo ofrece raspados de un solo sabor, sino de 32 diferentes con la especialidad más pedida:  Tamarindo, coco, piña y fresa.  “Nunca me imaginé que el sueño de niña se iba a convertir en realidad y lo que aprendí en mi tierra iba a ser útil. Aquí lo perfeccioné. América es muy bella y siempre te da posibilidades”, concluyó.

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