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María Lara no se deja vencer

May 9, 2012

María Lara en compañía de su hija Jéssica

María Lara en compañía de su hija Jéssica /W.G

RALEIGH- La historia y el espíritu de Ana Jarvis de no dejarse vencer, que inspiró a declarar el día de las madres en Estados Unidos, se traslada a una mexicana que lucha contra un cáncer, pero que no se dobla ante la adversidad y cobija a sus hijos como el tesoro máximo de su vida.

Por Walter Gómez

“No es fácil el tratamiento. A veces lloro y me siento sola. Salgo del hospital y volteo a ver si encuentro a alguien conocido. No me gusta hablar de esto con mis hijos para que no se pongan mal”, explicó a La Conexión, María Lara Tello.

Lara llegó a Carolina del Norte desde Monterrey, Nuevo León, (México), en noviembre del 2000 para reencontrarse con uno de sus hijos que no veía hacía cinco años, vino con un esposo abusador que se marchó al poco tiempo y la dejó sola con la crianza de tres niños.

“Él era un borracho, me maltrataba, pero aquí se cuidaba porque mi hijo no se lo permitía. Al año se marchó a California y luego regresó, pero nunca más se acercó por esta casa. Yo solo pensaba en sacarlos adelante, estaban en la escuela media”, recordó.

LA NOTICIA

Trabajando en una tienda, María, inició el camino para lograr su objetivo hasta que una noticia la golpeó duro y otra lucha comenzó. “En el 2005 me detectaron cáncer de mama. Estaba acompañada por mi hija Jéssica, en ese momento de año y ocho meses, y Jesús de 15 años, volteé a ellos y pensé que era el final”, sostuvo.

Un año completo de tratamiento, quimioterapia y radiación, y a la par la batalla por el crecimiento de sus hijos. Se recuperó pero tiempo después, el cáncer regresó. “Lo más difícil es para Jéssica (hoy de 8 años) piensa que su papá la abandonó y nunca cumplió sus promesas, y que si yo muero, va a quedarse sola”, dijo María.

NO OPERABLE, NO CURABLE

Hoy, no puede trabajar, sus pulmones no la ayudan, su cáncer está en lo que se llama cuarta etapa, no operable y no curable.

“Ahora se expandió a los huesos y al pulmón. Voluntarios me llevan a la mañana a Chapel Hill y luego a la tarde me van a buscar”, expresó. La situación económica no es buena, este mes el alquiler fue abonado por la ayuda de una fundación comunitaria. Pero María no se desvanece y pese a los altibajos anímicos, sigue en la lucha por su vida: “Hay que echarle ganas y no sentirse derrotado. El querer es poder y no hay nada imposible, solo la muerte, ahí no podemos hacer nada, mientras Dios nos dé vida hay que luchar. Dios me tienen aquí y él tiene sus motivos”, concluyó.

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