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Annette Rivera se encuentra con su padre luego de 43 años de búsqueda

May 30, 2012

Anette y su papá

Anette y su papá /Cortesía

CARY- Un certificado de nacimiento con solo el nombre de  la mamá y puntos suspensivos en donde supuestamente debería estar el papá, fue el inicio de buscar por 43 años a quien fuera su progenitor.

Annette enseña su Certificado de nacimiento dónde solo consta el nombre de su madre y ahora podrá completarlo con el de su padre/W.G Annette enseña su Certificado de nacimiento dónde solo consta el nombre de su madre y ahora podrá completarlo con el de su padre/W.G

Annette enseña su Certificado de nacimiento dónde solo consta el nombre de su madre y ahora podrá completarlo con el de su padre /W.G

Por Walter Gómez

Un viaje de fe, esperanza, amor y encuentro que marcó a fuego a Annette Rivera en una historia que tuvo como escenario su lugar de nacimiento Nueva York, para luego trasladarse a los seis años a Puerto Rico, mudarse a Carolina del Norte ya adulta y finalmente llegar,  por medio de la tecnología, a Quito, Ecuador, para completar con felicidad  el documento con el nombre de su papá.“Fue muy duro. Siempre tuve la esperanza de encontrarlo. Mi mayor temor era hacerlo, y que por la edad,  yo tengo 43 años, lo encontrara sin vida. Pensaba que debería hablar sola ante una lápida y no iba a tener respuesta alguna”, sostuvo a La Conexión Annette.

CRECER SIN PAPÁ

Annette fue creciendo y conociendo muy poco de quien era su padre, ya que su madre no le dio mayores detalles. “Solo sabía su nombre y que era originario de Ecuador. Mi mamá había pasado un coraje con él, rompieron antes de nacer y decidió no compartir mucha  información conmigo”, recordó.

Su madre rehizo su vida y su padrastro no llenó el vacío que había en ella. “Él me crío y me trataba diferente que a su hija de sangre,  yo era su hijastra. Siempre había un pequeño trato desigual. Miraba personas ecuatorianas, y me preguntaba ¿tendrá esa edad mi padre?, ¿se parece a mí? El día del Padre era una celebración muy triste al ver a otros niños con ellos”, aportó Rivera.

UN REGALO DE NAVIDAD

En diciembre 2011, dos semanas antes de arribar la navidad, Annette logró el hallazgo al mayor tesoro de su vida. “Fue muy bonito. En una de esas exploraciones en la computadora apareció su nombre, apellido, edad y un número de teléfono. Llamé rápido, me atendió una señora y le hice varias preguntas, y a todas las contestaba con un sí, hasta que me dijo ¿quién habla?, y le respondí: yo creo que soy la hija de Mario. Se quedó en shock, y me comentó,  creo que tú lo eres”, recordó Annette.

La señora le pidió que le haga varias preguntas a su mamá, entre otras,  detalles para confirmar la identidad y poder trasladar la noticia a su papá luego de un estudio del corazón que debía hacerse. “Llamé a mi mamá y le dije: creo que encontré a mi papá, pero quiero hacerte unas preguntas para cerciorarme que sea cierto. Con la información volví a comunicarme y la señora me confirmó: tú eres la hija de Mario y vas a hablar con él”, aportó Annette.

EL ENCUENTRO

De diciembre las charlas se hicieron frecuentes y la computadora fue el nexo de reconstruir un poco la historia de padre-hija.“En estos cinco meses, por cuestiones laborales y de compromisos, no podíamos fijar una fecha para nuestro encuentro”, indicó Annette.

Pero, el calendario se abrió y el sábado 26 de mayo, su papá arribó al aeropuerto Internacional de Raleigh-Durham. “Fue para mí muy emocionante y fuerte. En el aeropuerto miraba el reloj de la pared que indicaba las  12:00PM y el tiempo se paralizó,  no cambiaba”, expresó Rivera.

El vuelo apareció en la pizarra, los pasajeros comenzaron a llegar por sus pertenencias y el corazón de Annette inició un latido acelerado cuando vio a su padre caminando hacia ella. “Nos abrazamos muy fuerte. Estaba muy feliz y contenta de finalmente verlo. Hablamos, lloramos, me dijo que estaba lleno de orgullo de la persona en la que me había convertido  y la pasamos bien gracias a Dios”, detalló Rivera.

Cuarenta y tres años pasaron para cerrar un capítulo y abrir otro en la vida de Annette, que entrega un mensaje compartido con su padre para  quienes buscan a un ser querido. “Mientras haya vida hay esperanzas. Continúen, no bajen los brazos. Con la tecnología y sus facilidades tenemos la oportunidad de encontrarlos”, finalizó.

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